Conoce lo que es una fabula
De acuerdo con Perez (2013) La palabra fábula proviene del término latino fabula. Tal como explica el
diccionario de la Real Academia
Española (RAE), se trata de un relato de
ficción que carece de gran extensión, puede estar desarrollado en verso
o prosa y tiene como principal característica su voluntad didáctica. Lo habitual es que la fábula enseñe a través
de una moraleja que cierra la
historia en cuestión.
Las
fábulas pueden presentar a seres humanos, animales y otras clases de seres como
personajes. De acuerdo con Perez (2013): “Las fábulas surgieron cuando los
esclavos grecorromanos dedicados a la pedagogía buscaban transmitir
nociones éticas a los pequeños. Estas instrucciones respetaban la moral pagana
e indicaban que las virtudes naturales de las cosas no podían cambiarse. Con el
cristianismo, en cambio, las fábulas comenzaron a incluir la posibilidad
de cambio dentro de la conducta humana” (Párr. 4).
Muchos
son los autores que a lo largo de los siglos han llevado a cabo la creación de
fábulas con el objetivo de entretener, de enseñar y de mostrar sus cualidades
literarias. No obstante, Merino (2013) sostiene que:
tampoco podemos obviar el papel que jugaron otros escritores de gran
relevancia en esta
área como sería el caso de
Boisard, Jean Pons Guillaume Vennet o el polaco Ignacy
Krasicki, que adquirió una gran
fama en el período de la Ilustración. A todos ellos, habría
que añadir el de un escritor
español cuyo nombre se identifica claramente con el género
de la fábula pues consiguió crear una amplia
colección de obras de este género que han
conseguido sobrevivir al paso del
tiempo y que han ido pasando de generación en
generación. Nos estamos
refiriendo a Félix María Samaniego. Entre ellos destaca, sin
lugar a dudas, el francés Jean de
La Fontaine que realizó durante el siglo XVII una gran
colección de obras enmarcadas en
este tipo de género (p. 1).
He aquí un ejemplo de fabula:
Érase una vez un hombre
que vivía en una casa de campo y tenía dos perros buenos y fieles. Cada uno
cumplía una función muy diferente. Uno de ellos, negro y de cuello largo, era
quien acompañaba al dueño cuando se iba de caza, mientras que el otro, algo más
pequeño y de color canela, se ocupaba de vigilar la vivienda para que no
entrara ningún ladrón.
Al perro cazador le
gustaba salir de cacería pero siempre acababa agotado y con el cuerpo lleno de
agujetas. Su misión era ir unos metros por delante de su amo oteando el
horizonte y olfateándolo todo por si percibía algún movimiento extraño detrás
de los arbustos. Cuando notaba que en ellos se ocultaba algún animal despistado
como un conejo o una perdiz, daba la señal de alerta con un ladrido y salía
corriendo para intentar capturarlo.
No, no era un trabajo
fácil. A veces se pasaba horas y horas sudando la gota gorda para nada, pues al
llegar la noche no había conseguido atrapar ni una mosca.
En otras ocasiones, por
el contrario, pensaba que el esfuerzo había merecido la pena porque regresaban
a casa con tres o cuatro magníficas piezas ¡Qué orgulloso se sentía
cuando su amo le felicitaba con unas palmaditas en el lomo!
– ¡Buen chico! ¡Eres el
mejor perro cazador que he visto en mi vida!
Su compañero, el perro
guardián color canela, siempre salía a recibirles moviendo la cola y dando
saltitos. Como buen animal de compañía que era se ponía muy zalamero con su
dueño y se le tiraba al pecho para darle lengüetazos en la barbilla. Después,
el hombre se dirigía a la cocina, abría la saca y les regalaba una presa.
– ¡Tomad chicos, una
para cada uno que a los dos os quiero por igual y así no hay peleas!
Como es lógico al perro
casero le parecía el mejor obsequio del mundo, pero al perro cazador no le
hacía ni pizca de gracia ¿Te imaginas por qué? Pues porque no le parecía justo
recibir el mismo regalo cuando solamente él había trabajado durante toda la
jornada.
Un día se hartó y le
dijo a su amigo:
– ¿Sabes qué te digo?
¡Me siento muy ofendido por lo que está pasando! Yo me paso las tardes enteras
cazando mientras tú te quedas aquí tan ricamente tumbado sobre una esterilla
tomando el sol.
Su amigo le
contestó sin mover ni un músculo y como si la cosa no fuera con él.
– Reconozco que tu
trabajo es muy duro y en cambio yo ni me canso, ni me muevo, ni me altero. Lo
mío es comer y roncar ¡Una auténtica bicoca!
El perro cazador se
enfureció.
– ¡¿Y a ti te parece
bien?! Yo corro, salto y ladro durante horas dejándome la piel y tú venga
a dormir a pierna suelta. No sólo es injusto sino que encima nuestro amo nos lo
agradece por igual dándonos el mismo regalo cuando soy yo quien ha hecho todo
el trabajo ¡Yo me lo merezco pero tú no!
El perro guardián meditó
sobre estas palabras y le contestó con la misma parsimonia.
– Amigo, tienes toda la
razón.
Al perro cazador le
hervía la sangre.
– ¡Pues claro que la
tengo!
El tranquilo perro
guardián, hasta las narices de recriminaciones, le contestó un poco cabreado:
– ¡Sí, la tienes, pero
si quieres quejarte, quéjate ante nuestro dueño, porque yo no tengo la culpa!
Él fue quien en lugar de enseñarme a trabajar, me enseñó a vivir del trabajo de
los demás ¡Yo solamente cumplo órdenes!
El perro cazador se
quedó petrificado porque lo cierto es que su amigo había dado en el clavo: solo
se aprovechaba de una situación ventajosa que le habían puesto en bandeja.
Comprendió que última
palabra la tenía el amo, así que se fue a hablar con él para convencerle de
que, si les quería por igual, lo razonable era repartir el trabajo de caza
entre los dos.
El hombre escuchó las quejas
y afortunadamente lo entendió. A partir de ese día entrenó al perro guardián
para ser un hábil perdiguero y una vez que estuvo preparado, comenzaron a salir
de cacería los tres juntos y a repartir el botín de manera justa y
equitativa.
MORALEJA: En la vida debemos aprender que las cosas hay que ganarlas gracias al
esfuerzo y al trabajo personal. Intenta formarte y superarte cada día en
todo lo que hagas y verás cómo te sentirás orgulloso de tus logros. Rodriguez
(2017)
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